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Memoria de un teatro desaparecido

El Teatro Cervantes de Granada

El Teatro Cervantes fue una referencia de la vida escénica granadina y su recuerdo permite reconstruir una parte poco visible de la ciudad cultural.

Ilustración editorial de El Teatro Cervantes de Granada en Granada
Ilustración original creada con IA para Granada por el Mundo a partir de la imagen de referencia del artículo original

El Teatro Cervantes fue una referencia de la vida escénica granadina y su recuerdo permite reconstruir una parte poco visible de la ciudad cultural.

Esta nueva ficha recupera el tema publicado en Granada por el Mundo y lo presenta con una lectura más clara para preparar una visita. El objetivo no es acumular datos, sino relacionar la historia con los lugares que todavía pueden reconocerse al caminar por la ciudad.

Qué cuenta esta historia

El hilo principal se sitúa en la plaza del Campillo y la transformación urbana de su entorno. Mirarlo con contexto permite entender mejor por qué este asunto forma parte de Granada y cómo se conecta con otras capas de su patrimonio, su vida cultural y sus costumbres.

Situado antaño en la rebautizada plaza del General Sanjurjo, el famoso Teatro Cervantes sustituyó al antiguo y viejo Coliseo Olympia, uno de los principales salones de espectáculos de la capital, y que se ubicaba en Puerta Real.

Estuvo situado entre las plazas de Mariana Pineda y del Campillo Bajo, ocupando el solar en el que en los años 70 se elevó el edifico que lleva su nombre.

El teatro Cervantes comenzó a construirse en el año 1802 por iniciativa del entonces Gobernador Militar de Granada, el Capitán General Vasco y Vasco, quien encargó el proyecto al ingeniero Joaquín Pery. La construcción, casi concluida en 1804, se detuvo inexplicablemente, destinándose entonces el inmueble a almacenes del ejército, hasta que el general francés Horace Sebastiani ordenó la reanudación de las obras, siendo inaugurada la sala el 15 de noviembre de 1810, con el nombre de Teatro Napoleón.

En 1813 se le cambiaría por el del Teatro Principal, y, finalmente, a finales del siglo XX, con ocasión de la celebración del tercer aniversario del Quijote, se quedó con Teatro Cervantes.

Se inauguró en 1810, pero empezó a proyectar en 1903.

Desde el inicio de la Guerra Civil, vio transformadas sus funciones, convirtiéndose en un espacio de difusión propagandística fundamental para las autoridades de la ciudad. En él, tuvo lugar la representación de la obra La Nueva España de José Gómez Sánchez-Reina con el fin de recaudar fondos para las fuerzas del Ejército.

En mayo de 1938, por ejemplo, se proyectó el documental Viaje de Mussolini a Alemania, además de descubrirse en sus paredes retratos del propio Duce, Hitler y Franco. Otras obras de carácter costumbrista y folklórico también fueron utilizadas para recaudar fondos para instituciones como Auxilio de Invierno o Frentes y Hospitales.

En otras ocasiones el escenario del Cervantes acogió actos plenamente políticos. Fue el caso de la celebración del Día del Estudiante Caído.

Por su escenario pasarían grandes compañías de arte escénico y afamados artistas.

Posteriormente, el Teatro Cervantes pasó a ser un cine.

La primera sesión de cine se dio en 1903, potenciándose en 1914, hasta hacerse muy popular como cine en especial durante sus últimas décadas. Los precios que regían eran: Butacas 1 pta., Asiento 0´60 y General 0´40. En 1959 su pantalla proyectó el gran éxito de Joselito El Ruiseñor de las cumbres.

Este teatro-cine se vistió de gala cuando trajo un espectáculo que reunió a Juanito Valderrama, Manolo El Malagueño, Antonio Machín y la orquesta Cha-cha- chá.

La ubicación exacta se encuentra entre la Plaza Mariana Pineda y calle Ángel Ganivet.

Fuente de la Plaza del Campillo - IMG 20220507 140838.jpg

Fuente de la Plaza del Campillo - IMG 20220507 140838.jpg. Imagen de El Pantera, publicada con CC BY-SA 4.0. Consultar la ficha y la licencia en Wikimedia Commons.

Claves para entenderlo

Los edificios desaparecidos o transformados también forman parte del patrimonio. Fotografías, planos y testimonios permiten reconstruir su escala y entender qué perdió o ganó la ciudad con el cambio.

La arquitectura doméstica y cultural suele recibir menos atención que los grandes monumentos, aunque explica mejor cómo se vivía y cómo se organizaban los barrios.

Visitar el entorno con una imagen histórica en mente ayuda a detectar alineaciones, fachadas y vacíos urbanos que de otro modo pasarían inadvertidos.

Cómo incorporarlo a una visita

La forma más sencilla de situar este tema es reservar un tramo del paseo para la plaza del Campillo y la transformación urbana de su entorno. No hace falta convertirlo en una ruta rígida: basta con elegir uno o dos puntos relacionados, observar el entorno y dejar tiempo para los desplazamientos.

Si prefieres recorrer la ciudad con explicaciones y un itinerario organizado, puedes consultar este visita a la Catedral y la Capilla Real. El enlace abre una nueva pestaña y conduce a Civitatis para revisar condiciones y disponibilidad.

Consejos prácticos

La ubicación puede incorporarse a un paseo entre Puerta Real, el Campillo y la Carrera de la Virgen, fijándose en cómo ha cambiado la escala de la ciudad.

Granada se disfruta mejor con calzado cómodo y tiempos realistas. En el centro histórico hay pavimento irregular, calles peatonales y desniveles que pueden alargar un trayecto corto. Si el plan depende de un horario, una entrada o un servicio, compruébalo en la fuente oficial antes de salir.

Seguir descubriendo Granada

Este artículo forma parte del Blog de Granada por el Mundo, donde reunimos historias, consejos y episodios que ayudan a mirar la ciudad con más contexto. También puedes combinarlo con las propuestas de Qué ver en Granada y con nuestra selección de Hoteles en Granada.